José Kaff
martes, 1 de diciembre de 2009
Juan y el presidente
Ana dos veces
sábado, 28 de noviembre de 2009
Girar
— Buenas noches, chapas.
— Buenas… gracias.
Se agachó un poco más y simuló un intento de abrazo, pasando el mechón muy cerca de mi cara. En su cuello, puede percibir el efecto de la noche en su perfume. La piel de Ela volvió a enchinarse. Esta vez la mía también. Pude sentir cómo el olor bajaba por dentro de mí, como un relámpago que se me estrellaba en el pubis.
viernes, 20 de noviembre de 2009
Había unas feministas que creían en el Estado (y viceversa)
martes, 10 de noviembre de 2009
No traemos miedo
Si nos hubiéramos quedado, si nos hubiese espantado la amenaza del arma en su cintura o del revólver en poder de su compañero, probablemente nada de esto pasaría por nuestras cabezas. Otro tipo de reflexión, nos ocuparía.
El problema, debe pensar el desdichado, es que no tengo un arma. La ventaja, piensa Ela, es que es tan distraída. La desdicha, pienso, es que ya no traemos miedo a las cosas comunes; tanto han gastado en espantarnos, que ahora apenas tememos al terror.
sábado, 7 de noviembre de 2009
El cuento de la Pachamama
* Por supuesto, el nombre de este blog está tomado de la famosa obra que Antonio Gramsci escribiera desde una cárcel milanesa hace exactamente ochenta años, y que desde los años setenta ha sido publicada como “Los cuadernos de la cárcel”. Poco se parece la situación italiana del fascismo de los treinta a la del México del bicentenario. Aunque poco no quiere decir nada. Las semejanzas entre Benito y Felipito (por supuesto que no hablo de Don Gato y Mafalda) las encontrará el lector por su cuenta.
Con todo, las líneas que se comparten en este blog fueron realizadas desde la calle y no desde una cárcel. Aunque, efectivamente, pisaron primero algún cuaderno. ¿En libertad? Bueno, la respuesta es relativa y da para más preguntas que afirmaciones: ¿Puede hablarse de libertad en la actualidad, cuando somos vigilados por cámaras “de seguridad” en las tiendas de autoservicio, en el metro, en las calles, en las escuelas y oficinas…; cuando el pensamiento dominante prescribe desconfiar, vigilar, acusar al semejante; cuando los medios de comunicación nos machacan todo el día con el terror y la enajenación; puede hablarse de libertad, en fin, en el capitalismo?
Más de uno ha señalado ya que la democracia liberal lo que vino a legitimar fue precisamente la libertad acotada al dinero. Mientras en el feudalismo el esclavismo y la desigualdad eran legales, en el capitalismo son legítimos con base en el poder económico.
Sin embargo, siempre quedan resquicios para la emancipación. Los cuadernos de la calle pretenden únicamente contribuir con una uñita, como dicen los zapatistas, para rasgar una línea, una forma, en el muro que divide a los de arriba y a los de abajo, en el paredón al que suelen ser condenados aquellos que una y mil veces se rebelan en la historia; ese Muro que un día caerá no como “fin de la Historia” y supuesto triunfo final del capitalismo, sino sobre la cabeza de los capitalistas, como derrota definitiva del capitalismo y el pensamiento único, hegemónico, dominante, heterogeneizante. Será el principio, pues, de las historias, los cuentos, las utopías, las emancipaciones, las libertades…
